Cosas de Aquende
El blog de un Ágrafo juguetón
06 junio, 2005
 

¿Nostálgico yo?







"Se me amontonan, madre

tan lejanos los recuerdos..."





Hace unos post, les hablé de mi casa; bueno, de la casa donde me nacieron, porque lo de nacer en el hospital no estaba de moda en aquella época. Pues esa casa, además de tener un corredor-galeón pirata, tenía otra caractrística importante: Era una casa abierta.



Con esto quiero decir que era el lugar de reunión de todos los guajes del barrio. Lo cierto es que, dada la dimensión de pueblo, hablar de barrios puede parecer poco apropiado. Pero no crean, pese a ello, había un sentimiento de pertenencia a una zona bastante arraigado. Estaba Cimavilla que, como podrán imaginarse correspondía a la zona alta del pueblo ya que éste está en la ladera de una colina. Observen lo de Villa, porque aunque yo hablo de pueblo, mi pueblo tiene la categoría de Villa. Hay quien dice que allí hubo un castro. No hay, que yo sepa, evidencia de ello pero restos les aseguro que hay muchos: En lo más alto está el cementerio.



Justo debajo de la parte más alta está el barrio de El Carril y, un poco más allá, el Solrriveru. Zona importante ésta para los guajes, porque allí se celebraba la fiesta de San Hilarión. La fiesta sería una más si no hubiese un hecho singular: La chocolatada. Todos los años, un grupo de personas, entre las que destacaba 'La Chela el Guitu', organizaban, al aire libre, un gran banquete de chocolate. Y allí íbamos todos, pertrechados con nuestra taza, porque, eso sí, era obligatorio llevar tu propia taza. Y venga mojar bizcocho. Me persiste la duda, al día de hoy, de si 'comiamos' más chocolate por dentro o por fuera.







Ermita de Santa Ana y San Hilarión


En la plaza de los Mártires. Levantada en la segunda mitad del siglo XVI por la cofradía de Santa Ana. Fue reconstruida después de la guerra civil en 1936. Contaba con un hospital de peregrinos anexo. Conserva, del siglo XVI, una pequeña saetera en el muro norte.


Estos eran barrios que podríamos llamar tradicionales y con honda raigambre. Luego estaba el Tocóte. Este era un barrio más moderno. Por si no lo saben, les diré que en Asturias utilizamos el pronombre personal de forma enclítica: lo añadimos al final del verbo. Por tanto, 'Tocóte' es equivalente a 'Te tocó'. Alude al hecho de que eran viviendas construidas por el Estado y que fueron asignadas por sorteo a sus propietarios. El equivalente en el pueblo cercano se llama Corea, y fué construido en la época de la guerra de Korea. No les digo más.



Pues bien, mi barrio era el barrio de Loreto. Recibe su nombre de la capilla de la Virgen de Loreto, patrona del pueblo, que hay en la proximidad. Como sabrán esta Virgen también es patrona de la Aviación. Lo curioso es por qué. La fiesta de Loreto se celebra habitualmente en Diciembre, pero en mi pueblo somos muy especiales y la celebramos en la primera quincena de julio. Normalmente el segundo domingo.






Ermita de la Virgen de Loreto


Fundada en 1662 por el náufrago italiano José del Misso. El segundo domingo de julio, los Cofrades de Loreto celebran una procesión desde la iglesia parroquial de San Cristóbal hasta la ermita.
De tipo tradicional. Es de nave única y la precede un pórtico en el lado occidental cerrado con madera. Capillas a los lados y cabecera cuadrada. La espadaña se remata con elementos barroquizantes como las pirámides con bolas.






Algo más allá está La castañar de espinas. Un castaño en cuyo centro se dice que apareció una imagen de la Virgen, tras partirlo un rayo por la mitad. Hoy hay allí una imagen de piedra.






Pero yo estaba hablando de mi casa, una casa abierta. Esto tenía algunos inconvenientes, pues alguien debió pensar que, ya que aquello era abierto, lo que estaba adentro era de todos, y así desapareció mi incipiente colección de monedas. Gajes del oficio.
Tanta ermita me recuerda una de las actividades que revolucionaba la casa abierta, y que se producía a mediados de diciembre:



Había que poner el nacimiento.



Esta era una tarea que requería una cierta logística. Había que ir a buscar las grandes piedras que habíamos dejado en una cuneta el año anterior, y que vigílabamos el resto del año, para que la brigada de peones camineros, que cada cierto tiempo pasaba limpiando, no nos las tirase. Había que buscar el cristal que, con papel de estaño debajo, iba a configurar el lago en el que desembocaba el río. La caja de puros de madera que, con la parte de arriba perforada y sustituida por un cristal, iba a soportar la paja donde descansaba el Niño Jesús iluminado desde abajo por una bombilla que estaba en el interior de la caja. Había que recuperar todo el sistema de iluminación cuidadosamente almacenado en cajas de cartón. Había que ir a por serrín para los caminos a la carpintería El Retiro que, como su propio nombre indica, era algo más que una carpintería, pero esto puede que se lo cuente otro día.. Luego había que desembalar las figuras, las casas, el castillo de Herodes, etc.


El papel de estaño con que envolvíamos la parte superior del Portal para que reflejase la luz, o simúlabamos el agua del río y lago lo obteníamos de las tabletas de chocolate y chocolatinas. Aunque en mi casa, además, había un stock adicional. Les conté que mi padre trabajó en una entidad bancaria. Pero antes de eso trabajaba en la fábrica de sidra achampanada El Hórreo, hoy ya desaparecida. Fabricaba un tipo de sidra similar a la de 'El Gaitero, famosa en el mundo entero'. Llegó a ser una fábrica importante, exportando a todos los países de Centro y Sudámerica, y Filipinas. Tras la Guerra Civil cerró, y mi padre llevó para casa, como recuerdo, un conjunto de las pegatinas que rodean el cuello de la botella y que eran específicas de cada país al que se exportaban, también alguna de las etiquetas del cuerpo de la botella y un conjunto de bloques del papel de estaño que se pone alrededor del gollete de la botella. Esa era nuestra principal materia prima para el agua.



Quedaba todavía el verde. Esto en el Norte de España no debería ser un problema. Lo habitual era recoger musgo y con él simular los prados. Nosotros recogíamos algo de musgo, pero el grueso del material lo constituían los chapinos o tapinos. En su "Vocabulario dialectológico del Concejo de Colunga" D. Braulio Vigón define "Chapín: Tapín. Césped en la acepción de pedazo de tierra separado del suelo". Pues justamente eso era lo que utilizábamos, trozos de hierba arrancados a base de golpear por debajo la hierba con la puntera de nuestras chirucas. Vamos, como las cuadrículas de césped que se ven colocar en los campos de fútbol hoy en día.



Con todo ese material, armábamos el Belén, en todos los sentidos de la expresión. Una vez armado, todos los días al levantarnos movíamos las piezas, cada cual a su tarea y por último hacíamos que el día veinticinco todas convergieran en el Portal. Todo muy clásico. Lo que quizá era algo distinto a muchos de otros Belenes que conocí es que, dado que los chapinos los recogíamos con bastante tierra, la hierba seguía creciendo y todas las mañanas había que armarse de tijeras y cortar la hierba. En realidad, esto no era un gran problema, antes bien, resolvía la alimentación de la Mula y el Buey.





¿Nostálgico yo?. ¿Qué les permite pensar eso?







N.B. : Retiro lo dicho en el post anterior.
Tras localizar la corsaria Ana mi fecha de nacimiento en Internet, busqué más minuciosamente y he aquí la foto de mi escuela:

Por tanto, es posible que todo esté en Internet.







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